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sábado, 14 de abril de 2012

Corazones, corazas y el cielo

El límite que conocemos es desproporcional a la capacidad de sufrimiento
que podemos llegar a soportar, aún sin saberlo conscientemente.
Como puede un corazón aislarse de los sentimientos, protegerse cauteloso
de las embestidas de una mente, de lo que recibe diariamente de las maneras
más inverosímiles posibles, y aún así seguir latiendo con algún tipo de sentido.
Las corazas que construimos nos devoran lentamente, porque no dejan o no 
saben filtrar las emociones que podrían rejuvenecer o adiestrar nuestros corazones.
Palabras que creemos no nos afectan, discursos repetidos, situaciones 
vividas en sociedades mecánicas, miedo, poca consciencia, el perdón con
uno mismo y con lo que aflora vivo y revitalizado. El ego malherido por otros,
desnudos, pero eso sí con las ideas claras, o al menos eso nos hace creer nuestra mente.
Mucho ruido, pocos gestos, la nobleza para asumir la ira de los cuerpos,
un sinfín de monstruos disfrazados de emociones que no lo son.
Desvaríos innumerables, yo puedo, casi con todo, casi, me repito siempre,
porque el talón de Aquiles del hombre o mujer más poderoso puede ser un
simple beso, la mirada de un niño o las manos de un anciano.
Y te levantas otro día jurándote una vez más que hoy se acaba el sufrimiento,
que el dolor no podrá contigo, y mezclamos todo con ello, y rehusamos la causa,
sin rehuir la batalla, en una guerra perdida antes de tiempo...desde el comienzo.
Y llega la noche con sus correspondientes horas triplicadas, el frío o el calor
según convenga, y el silencio.
Ese sonido que no grita, el dolor multiplica pero que suena tanto que quiebra el cuerpo. 
Ese que deseamos equivocadamente, porque cuando está mas de lo previsto
nubla y encoje, tizna poco a poco los días y cuando te das cuenta todo está oscuro,
sin poder diferenciar la noche de la claridad, las manos tibias del frío cristal
que acoge las gotas de lluvia donde hoy se refleja mi rostro.
Y escribo, las letras mas amargas que mis labios no pueden decir, y respiro
tan aceleradamente que mi pecho ofuscado, por ella baila a su antojo.
Permitirte quiero nobleza entrar en mí y ofender mi sencillez, pero el miedo
que respiro se filtra a borbotones entre la falsa coraza que con el paso de los
años agrietaste con las mentiras, sin oír ni saber sentir, las ganas que tiene mi 
roto pedazo de músculo de recibir tus labios calmantes de toda maldad.

Y ahora, enseño letras en circos varios, muestro esencia en foros mecánicos,
disculpo las horas cada vez que miro tus ojos azules, y me gritas desde el cielo
héchale coraje a tus miedos, sal a tus heridas y regálale un si quiero.
Este ángel que tenemos o inventamos cuando no comprendemos, me dispara
balas de cielo, y le devuelvo silencio y ...dinero.
   
                                                                    (byfran)





2 comentarios:

Susi DelaTorre dijo...

Exactitud en palabras, para una noche de sábado. Tormentosa noche para alborotar emociones...

Un saludo, Fran!

Fran Luque dijo...

Gracias por tus letras, se agradecen mucho, pues son expresadas para lanzarlas al viento y ser recogidas, es un placer, saludos

comentarios